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¡Bienvenidos! En el artículo 3 Tips Para Escribir Más, hablé acerca de los desafíos de Prompts de escritura, y lo buenos que son para crearnos el hábito de escribir todos los días, y empujar nuestra creatividad para poder crear algo original de una sugerencia genérica.

Existen ya bastantes desafíos en todo el internet, pero quizás si yo creo el mío voy a sentirme obligada a completarlo, y tal vez a alguien que lea esto le inspire intentar completarlo.

Las reglas son las siguientes:

Cada día hay un nuevo Prompt para completar. Puede realizarse en prosa o verso (o ambos), en el estilo y género literario que quieras. No hay límites en la extensión de tu texto, pero intenta desafiarte.

Si quieres compartir tus escritos puedes utilizar el hashtag #apiconpastelenero

DESAFÍO DE ESCRITURA: ENERO

  1. Nuevo
  2. El último vuelo de la noche
  3. Jugo de cerezas
  4. Ira
  5. “¿A la montaña?”
  6. El sentimiento de olvidarse lo que querías decir
  7. El anillo perdido
  8. Manos frías
  9. Gentil
  10. Reino
  11. “¿Lo puedo ver?”
  12. Madrugada
  13. “Si digo que salte, salta”
  14. Rosa
  15. El sombrero se voló
  16. Calendario
  17. Origami
  18. Literalmente
  19. “No duele, creo que debería doler”
  20. Olor a humedad
  21. El búho lo hizo
  22. Pasivo-agresivo
  23. Luciérnagas
  24. Celos
  25. El sentimiento de caer en un sueño
  26. Pino
  27. “Dime que no es sangre”
  28. Bajo la influencia
  29. Escalera
  30. Vidrio
  31. Deja vu

Para demostrar mi compromiso con este desafío, voy a comenzarlo en diciembre. Ahí va mi entrada.

 

Desafío de escritura de enero Día 1: Nuevo

Algo viejo, algo nuevo, algo prestado y algo azul.

No por estar huyendo se le iba a olvidar la superstición. Le dijo a Bernardo que se tendrían que casar cuando se encuentren en la noche, así su amado no la vería antes de la boda. Y revisando una vez más el único bolso que se llevaba, intentaba buscar sus amuletos de la suerte.

Algo viejo

Alicia se miró la ropa que llevaba encima. Lo único parecido a un vestido de novia que había encontrado era su camisón para dormir, que en algún momento fue blanco. Pero ahora tenía un tono amarillento, y manchas marrones en los bordes de la falda de cuando la Señora le hizo pulir los pisos en la madrugada.

Miró al reloj de la pared. El sonido de esa cosa probablemente hubiera vuelto loco a cualquera, pero para Alicia, escuchar los segundos pasar le era reconfortante. Hoy sin embargo, sentía como el sonido rebotaba en su pecho como los latidos acelerados de su corazón. Faltaban veinte minutos. Veinte minutos y sería libre.

Se puso su abrigo, quizás el artículo más viejo que tenía. Era rojo y las mangas ya estaban un poco cortas, pero Alicia tenía la sensación de que ese abrigo conservaba siempre el calor de su cuerpo, y siempre que se lo ponía se sentía más segura. Lo iba a necesitar ahora más que nunca.

Algo Prestado

Todo lo era para Alicia. En esa casa nunca se sintió a salvo ni un segundo. Todas sus pertenencias habían sido de alguien más en el pasado, todo era ajeno para ella. Por eso era tan fácil dejarlo todo atrás. Las cosas que necesitaba estaban en el bolso, y lo demás nunca fue suyo realmente.

Lo único realmente suyo era el amor que le tenía a Bernardo. Conocerlo fue para ella, despertar de un sueño eterno. Antes de él, incluso su propio reflejo le era ajeno. Aún le pasaba, de vez en cuando. Se miraba las manos y no parecían suyas, solo se sentía un ser humano cuando se encontraba con Bernardo, o cuando encontraba algún mensaje secreto para ella en el jardín.

Algo Azul

Faltaban ya diez minutos. Alicia respiró hondo y caminó hacia el armario de la alcoba donde dormía. Sacó del suelo el pedazo de madera suelto que estaba justo debajo de la pata del mueble. Y recogió el anillo que Bernardo le había entregado la última vez que se vieron, cuando sellaron su pacto de escape. Era lo más valioso que había tenido en su vida. Alicia solo había visto las joyas de la Señora, ostentosos y aparatosos artefactos, con acabados brillantes y piedras preciosas enormes. Su anillo era todo lo contrario, una banda de metal delgada con una pequeña piedra en el centro. Una lapis lazuli. Bernardo sabía mucho acerca de las piedras, sabía mucho de muchas cosas. Él le había dicho a Alicia que esa era la piedra de la verdad, y que le ayudaría siempre a saber qué es lo correcto.

Se puso el anillo en el dedo, antes había tenido mucho miedo de hacerlo, temía que si la Señora se enteraba de sus planes y la veía con el anillo todo acabaría. Lo había escondido hasta el último momento, pero ya era hora de partir.

Miró a su alrededor, sabía que al salir de esa puerta no extrañaría ese sitio nunca. Se puso el bolso en la espalda y se dirigió a la cocina como lo había planeado. Salió hacia el jardín sin hacer ningún ruido, recogiendo la carne que había escondido para dársela a los perros. La lanzó antes de que ladren y corrió.

En la oscuridad, hacia el hueco que Bernardo había cavado al límite del jardín, y había escondido entre hojas secas. Alicia se arrastró por debajo de la pared sin importarle la tierra, y sin mirar atrás se dirigió hacia el árbol donde Bernardo la estaría esperando. Mientras corría respiraba hondo, el aire se sentía diferente.

Algo Nuevo

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