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Muchas veces sentimos que no tenemos lo que se necesita para lograr nuestros sueños. En especial cuando se trata de escribir. En un mundo donde existen tantas personas talentosas, es fácil pensar que no somos lo suficientemente talentosos en lo que queremos hacer, o que todo ya ha sido escrito. Pero eso no es verdad.

Me pasa bastante. Incluso más de lo que debe ser saludable. Saber que tengo el potencial pero no creer realmente que tengo el talento. Comparar lo que aún no he hecho con los grandes autores que me inspiran, y decepcionarme con lo que llego a producir.

Me pasa tanto que a veces no quiero escribir. Ahí está el problema. En el momento que dejamos de hacer lo que amamos por miedo a fallar, realmente hemos fracasado.

Por mucho tiempo dejé de lado mis sueños por miedo a no ser suficiente.

Luego leí acerca de mi poeta favorito Allen Ginsberg. Él, por la mayor parte de su carrera estaba insatisfecho con lo que escribía. No le gustaba su estilo, no creía tener talento. Esta idea está incluso plasmada en su obra más conocida Howl:

I’m with you in Rockland
   where we are great writers on the same dreadful typewriter
Estoy contigo en Rockland
  donde somos grandes autores en la misma terrible máquina de escribir

Ese verso lo entendí de una manera tan profunda. Puedo sentir las palabras burbujeando en mi interior, pero siento que cada vez que intento escribir algo hermoso, solo logro escribir cosas comunes y mediocres.

Pero a la vez, ese verso me ayudó a cambiar mi manera de pensar. Porque si una persona, que para mí es un poeta genial, tuvo las mismas dudas acerca de su talento que yo, existe esperanza. Tengo que recordar que Allen tenía 29 años cuando escribió Howl. Y seguramente no estaba seguro de qué tan bueno era ese poema.

Las personas que tenemos este tipo de pasiones, los artistas, poetas o músicos, tenemos la manía terrible de compararnos con nuestros héroes. Vemos sus vidas como la guía probada de lo que tiene que funcionar para ser un grán poeta, o artista, o músico. Los vemos y nos  exigimos el doble.

Creo que no está del todo mal utilizar a nuestros ídolos como modelos a seguir. Querer soñar muy alto es bueno en general. Pero tenemos que entender que no podemos comparar nuestro trabajo de principiante con sus obras maestras.

En este momento de mi vida no puedo escribir un Howl. Pero tengo que pensar que Allen, a mi edad, probablemente tampoco podría. Tengo que recordar que él escribía sonetos y rimas que a mí no me interesan leer. Tengo que pensar que si bien mi vida no es como la suya, y no tiene por qué serlo, tengo la misma pasión por escribir.

No tengo que entrar al hospital psiquiátrico o tener visiones con poetas muertos (aunque eso sería genial) para poder llegar a escribir como mis ídolos. Ni siquiera debería aspirar a escribir como ellos, debería intentar estar contenta con lo que yo escribo. Pero eso es demasiado pedir para todos.

Creo que lo que puedo sacar de la vida de Allen, y la moraleja que debo entender y quiero dejar aquí, es que a pesar de nunca sentir que era suficiente, a pesar de estar medio loco, Allen nunca dejó de escribir. Nunca dejó de querer escribir, y podemos ver en su obra la evolución de su estilo. De rimas y métrica a un Aullido.

Escribir, como cualquier otro arte, toma tiempo. Un escritor nace con las palabras en la panza, pero es la vida que hace que estas palabras fluyan hacia afuera y la práctica la que las ordena de manera que tengan sentido en el alma del autor.

Y eso toma mucho tiempo. Tengo que seguir escribiendo aunque mis versos den pena. No necesito mostrárselos a nadie aún. Pero quedan registrados en mis cuadernos como un punto de partida de donde puedo decir que mejoré.

Puedo leer lo que escribo ahora, como seguramente leeré esto en unos años, o unos meses, y sentir que realmente he mejorado. Que la única manera de progresar es haciendo, y aunque sea probabilísticamente, si seguimos escribiendo, en algún momento tendremos una obra de arte, eso está matemáticamente comprobado.

Tengo que darme una palmada proverbial en la espalda y no intentar ser una gran autora sin antes haber hecho mis horas. Tengo que seguir escribiendo aunque sea basura, porque poco a poco el pedazo de carbón se vuelve diamante.

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