personal

La verdad duele, y más si la verdad es una falla de tu carácter que te perjudica en las áreas que más te importan. E incluso más, si no sabes cómo o si estás realmente dispuesta a cambiar esta falla, y hablar del problema solo lo hace incómodo y te hace sentir horrible.

Pero es hora de afrontar mi realidad, y limpiándome una lágrima de vergüenza admito que me llamo Laura, y soy una Procrastinadora Compulsiva.

No puedo encontrar en mi memoria el momento exacto en el que me volví así. Creo que es algo que llevo conmigo desde la infancia. Un trastorno de déficit de atención sin diagnosticar, o simplemente malos hábitos. Lo que si puedo admitir, es que este post lo estoy escribiendo el día antes de la última fecha de presentación del proyecto.

Y aunque suena estúpidamente contraproducente admitir esto donde mi maestro, y jefe, va a leerlo (¡Hola boss!), tengo la esperanza de que admitir que existe un problema me llevará más cerca a tener una solución.

Admitir que hay algo que haces mal es más fácil dicho que hecho. Incontables veces he intentado, e incluso logrado racionalizar y convencerme a mi misma que mi procrastinación es saludable, que necesito la adrenalina y la presión de que el tiempo se acaba para poder hacer un buen trabajo. También me dije a mi misma que mis mejores ideas vienen cuando estoy apurada.

Es como en esas escenas de las películas de acción, cuando el personaje principal tiene diez segundos para desactivar la bomba o algo así, pero luego te das cuenta que la escena tarda varios minutos y en la vida real la magia del cine no va a hacer que tu proyecto, el que comenzaste hoy y tuviste tres semanas para hacer, se escriba solo.

El primer paso es aceptar que lo que estamos haciendo, o no estamos haciendo, es un hábito horrible, que demuestra falta de responsabilidad y madurez de nuestra parte.

Lo que sigue es el trabajo pesado. Tenemos que cortar este lío de raíz. Como es un hábito tenemos que cambiarlo desde nuestro cerebro. Debemos encontrar el pensamiento que racionaliza nuestro comportamiento y detenerlo. O al menos identificarlo. Estoy segura de que esa es una técnica con un nombre de verdad en psicología. No soy una profesional, pero esa técnica, cuyo nombre aún no se, me ha ayudado a detener otros hábitos feos y patrones de pensamiento negativos.

En el momento que identificamos ese tipo de pensamiento, se hace más notorio cuando suceden demasiado. Como cuando te empieza a interesar un modelo de auto, y sientes que lo vez por toda la ciudad. En el mejor de los escenarios el mismo hecho de darnos cuenta que estos pensamientos ocurren demasiado, será el empujón que necesitábamos para comenzar a hacer. Normalmente no es el mejor de los casos.

Normalmente, aunque sabemos que estos pensamientos nos están invadiendo, aunque hasta Netflix no cree que podemos seguir viendo otro episodio, no hacemos nada, dejamos que el tiempo nos pase. Y ese sentimiento en el estómago de que estamos perdiendo el tiempo nos acompaña.

Es incluso peor cuando postergamos proyectos personales. Procrastinar en los proyectos de la universidad es malo, pero al final sabemos que los vamos a hacer eventualmente. Cuando se trata de un proyecto personal, en el cual no existen presiones externas ni fechas de entrega, es mucho más fácil postergar todo indefinidamente, y mucho más corrosivo.

Una técnica que aprendí escuchando un podcast es hacer el experimento de registrar cómo pasamos el tiempo por unos días. Puede ser hora a hora, o contando los minutos. Hacer una bitácora que muestre realmente cuánto tiempo desperdiciamos a diario, cuánto realmente utilizamos en cosas productivas, nos servirá para darnos cuenta que tenemos un problema real, que se traduce en tiempo real.

Tal vez, si nos da vergüencita cuanto malgastamos nuestra juventud nos ponemos las pilas para tomarnos una hora de nuestro incesante consumo de memes, y hacemos algo para mejorarnos. Escribir una frase, un simple verso es suficiente para que exista una diferencia y podamos decir que hicimos algo con nuestro día.

Tenemos que tomar los pasos necesarios para mejorar. Pero tenemos que entender que es un proceso. El cambio no viene de un día para el otro, y no podemos enojarnos por no ser  aún la máquina de poemas que queremos ser. Lo que importa es intentar hacer el cambio, y no entrar de nuevo en la espiral de mentirse a uno mismo y verse todas las temporadas de Gossip Girl en dos meses.

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